Tener crea la necesidad de tener. El dinero ansía más dinero. La amistad y el amor reclaman más atención. Demasiado para una simple persona. Estas cosas actúan con la gente como pequeñas bombas de hidrógeno que revientan el ser por dentro, esparciendo un amasijo de entrañas y escoria por doquier.
La gente siempre busca cosas. Nadie es conformista. Unos buscan un futuro cargado de dinero y asquerosos montones de riquezas. Otros se limitan a vivir la vida bohemia, se sumergen en su intramundo. Lo que buscan es la propia seguridad bajo su fachada de despreocupación y desengaño. Otros sueñan con amores idílicos, con besos bajo las más hermosas puestas de sol. Existen los que aspiran a comprenderlo todo, filosofean con temas que desconocen y se sienten superiores al resto de la humanidad. Mientras todos estos luchan contra sí mismos en la sociedad visible, una masa de andrajosos mendigos, espíritus desolados y agonizantes cuerpos mutilados por el hambre y las guerras lo único que añoran es la serenidad y la más nimia felicidad.
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